Amanecerte es pensarte antes aún de que despunte el alba, es dejar a la insistencia que se obstine en acomodarse en mis entrañas.
Atardecerte es latir a tu lado cuando los ojos pesan, pero las miradas aún resisten despejadas.
Anochecerte es dejar de pensarte, es mecer los tejados de casa y convertir en etéreo hasta el suelo, es marcar con mis labios tu nombre en tu espalda, es rendir con mis dedos tus ganas, es licuar con mis ojos la luna, para dormirme en tus sueños como una flor que en la noche se guarece delicada.