A todos mis AMIGO/AS de MÉXICO y, en especial, dedicado a los niños que se fueron.
UN CORO DE ESTRELLAS
Mi insomnio tiene ojos de niños y música de mariachis.

Está la noche más turbia que nunca, sin embargo, hoy la poesía no se quiere sentar en mis rodillas. Me pide que os escriba una carta.
Queridos todos:
A vosotros, que habéis sido tan generosos conmigo, desde que me asomé, por aquí, con timidez, y colé mi poesía, poco a poco, en vuestras vidas.
A vosotros, que me llamáis Charito, y conseguís que me vuelva a sentir niña, y que leéis mis versos con un fervor tan  inmenso…
¿Y ahora qué puedo deciros? ¿Cómo calmar el dolor, la impotencia y el miedo?
Si pudiera alargar mis dedos y acariciar vuestras manos.
Si pudiera extender mis brazos y regalaros un abrazo, que os transmitiese el calor que siento como vuestra hermana.
Si pudiese volver a la vida a los que se han ido…
Eso me resulta imposible, claro. Y ahora, más que nunca, siento la impotencia de mis trazos. Estos que escribo con un dolor que es vuestro y es nuestro.
Sin embargo, no quiero pensar que no me sirven las letras.

Siento las palabras, y, algunas, acarician al leerlas y percibo la ternura del que escribe, y esa seda me consuela y me conmueve.

Otras veces, es la fuerza de las letras, como un latigazo dado al suelo,  la que dicta que levantes el coraje, que además de poner los puños aferrados a la rabia, tomes aire y sonrías, sobre todo para darles fuerza y esperanza a todos aquellos que se desaniman.
Creo en Dios, lo he sentido dándome aliento en mis peores momentos. Así que, permitidme que imagine que, con los niños que se fueron, ha organizado un coro de estrellas, para hacer más brillante el oscuro firmamento.
Mucha fuerza, no estáis solos.