(Imagen de Manuel Barragán)


 

Paso estaciones

como el que pasa páginas

con el dedo húmedo de saliva.

Veo de lejos aquel tren

que no se puso en marcha,

y crecen, en mí, dos railes.

Arrancar, caminar,

correr o volar,

con el humo encendido,

con la brasa en los labios.

El reloj es testigo silente,

un voyeur con las manos muy cortas.