Llegas

undécimo, casi al final,

pintando el postigo con ocres,

sacudiendo la libreta 

de capítulos deshidratados.

La melancolía coquetea

en los cristales,

y yo…

busco una luz que matice

esta jauría de sentimientos,

unas manos que abarquen

este denso equipaje,

una piel que se contagie

de esta fiebre insoportable.

Sube a mis labios

un verso,

un tímido misterio,

un suicida que se arroja

para ver si lo tocan mis dedos.