Sé de la pobreza energética,
de esa falta de calor en mis bolsillos,
de esa ausencia de tus dedos.
Imagino que el precio de esa factura,
de entrelazar nuestros dedos
y guarecerlos en el bolsillo de mi vaquero
pegados a mis cadera,
ha de ser alto.
He optado por encender
unos cuantos fósforos;
‎uno por cada sueño
‎y dos por cada recuerdo.