No te fuiste.
Te quedaste en mi garganta
como un jilguero húmedo.
Cuando pienso en ti, dibuja una fuente y se baña.
Nunca imaginé que el agua me escociera tanto.
No duele el corazón, duele más alto, más cerca de la boca y de los ojos, tanto
que, a veces, me cuesta sujetarlo.
Un trino húmedo parte en dos a la mujer que te recuerda y no hay lluvia más lenta.