(fotografía de Manuel Barragán)



Herida de versos, herida, que no salpican  espuma, en una barca varada.

Son pompas de jabón a las que crispa un quejido, y se vacían en la nada de este pecho dolorido.

Un baile de pestañas temblándoles cristales de rocío y añoranza.

Eso son, nada;

el humo de aquel tren que nunca arranca,

un sol que se enmascara entre las nubes,

un cordón desatado,

apenas un mordisco entre los labios, los ojos cabizbajos.

Un pentagrama torpe languidece y, en mis manos, laten hundidos unos dedos, sin amor, rastreando un puerto.
Allí quedaron mis versos, hundidos en la arena, bajo una barca pesquera.